
Amarrar imágenes en la cabeza ya no es tan fácil.
Se vuelan si un lápiz o birome no las agarra.
Son escurridizas como mariposas verdes en un bosque.
O como pedacitos sol, un día nublado.
Son imágenes que van y vienen, sin título necesario.
Son pequeñeces en blanco y negro que se sientan en mis rodillas apurándome el trazo.
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